
Durante esta vacaciòn he hecho una «maratòn» de The Chosen; para quienes no saben, es la serie dirigida por Dallas Jenkins acerca de la vida y ministerio de Jesùs desde la perspectiva de quienes lo acompañaron, presentàndolo de una forma «màs personal e ìntima». Me parece una producciòn espectacular pero tambièn una manera interesante de ver a Jesùs y sus apòstoles en una faceta màs humana. El efecto que ha tenido en mì es descubrir un lìder amoroso, empàtico, justo, perdonador y sensible. A veces necesitamos recursos visuales para poder alimentar nuestra vida espiritual y a mì ver la serie me ha ayudado mucho en mi fè, que recientemente se ha visto un tanto debilitada por diferentes circunstancias. «Lo que antes sabìa de ti era lo que me habìan contado, pero ahora mis ojos te han visto, y he llegado a conocerte» (Job 42:5)
La Semana Santa es el tiempo en que, dependiendo de la creencia religiosa o personal, algunos hacen ciertas penitencias para sumarlas a la pasiòn de Cristo: dejar de comer ciertas cosas, no tomar alcohol o hacer peregrinaciones dolorosas… otros, reconocer que la naturaleza humana de pecado fue transformada por medio del mayor sacrificio y que gracias a ello tenemos acceso a la eternidad.
En inglès llaman «Good Friday» (Buen Viernes) al Viernes Santo, pero, si es un dìa de dolor, ¿còmo puede ser bueno? Porque sin ese Viernes no existirìa salvaciòn, ni Resurrecciòn y no tendrìamos acceso a la eternidad, la muerte no hubiera sido vencida. Creo que para todos los que hemos perdido a un ser querido, el saber que hay Vida eterna es sumamente importante y de mucho consuelo.
Eso me hace pensar en el «Viernes Santo» de nuestras vidas, en ese momento de crisis, de dolor intenso, de duda; ese que te tira al suelo y te obliga a reconocerte incapaz de seguir adelante en tus fuerzas; a ese momento de fracaso, pèrdida o de tomar conciencia de graves errores que te hacen reconsiderar tu capacidad de hacer aquello que te ha sido encomendado. Ese momento de escasez, miedo extremo, ansiedad y preocupaciòn. Puede que algunos de nosotros estemos vivièndolo justamente ahora (y que nadie lo sepa), puede que nadie vea las làgrimas que te acompañan en las noches de silencio sin respuesta.
Que bueno saber que el Viernes no durò para siempre, que el sacrificio fue cumplido y que de la misma forma, al aplicarlo a nuestras vidas, el fracaso no nos convierte en personas fracasadas, un error no nos define, la pèrdida que màs nos duele abre el camino a nueva esperanza; que bueno saber que la Cruz, el lugar en el que nos encontramos ahora, no es donde todo acaba; que los peores momentos son los que, eventualmente, revelaràn grandes propòsitos.
Por eso es un «Good Friday», porque aunque duele, confiamos en la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios; porque Su historia no terminò en una cruz sino en una tumba vacìa; este no es el final de la historia, es apenas el principio…