Soy una persona controladora… no fue fácil aceptarlo y de vez en cuando trato de convencer a mi terapista (y gran amigo) que en realidad eso no es así («¡es imposible que una persona complaciente sea controladora al mismo tiempo!») , a lo cual recibo como respuestas una sonrisa, preguntas retóricas y teoría que me devuelve al punto de partida : soy una persona controladora.
En este camino de descubrimiento personal me he enfrentado a cosas que hubiera querido analizar y comprender hace muchos años, ciertamente me hubiera ahorrado mucho dolor, pero todo tiempo es perfecto y ahora todo eso que viví son lecciones que me han convertido en la persona que soy, para bien o para mal.
No sólo soy controladora, también acostumbro a resolver los problemas de todos, es como una carga autoimpuesta cuyo origen también estoy encontrando poco a poco, *spoiler alert: tiene mucho que ver con heridas de la infancia, con una Mónica que cargó con más de la cuenta asumiendo un rol que no le correspondía a esa edad y con un ego distorsionado con el que poco a poco voy haciendo las paces.
El problema de esto es que la aceptación radical de lo que voy viviendo se vuelve muy difícil. Mi deseo de manejar las cosas ha ido desde orar por la sanación física de mi hermana cuando nos quedabamos solos con mis hermanos (de forma que mis papás regresaran y pudiera decirles «Sorpresa! ya la arreglé, let’s keep living like normal people»), hasta no soltar la mano de mi papi cuando daba su último respiro de vida (pensando que así lo retendría y no se iría): la vida no funciona así, truth is nunca he tenido el control.
Ante una pérdida, de las que he sufrido muchas y de distinto tipo, esta forma de ser complica bastante la situación, además nunca fui entrenada en la mejor forma de manejarlo, ignorando si lo que siento es normal, si está bien enojarse, frustrarse, llorar o gritar, ¿resultado? Duelo no resuelto.
He entendido que las únicas verdades son estas: Sí, es tan difícil como parece; sí, duele como nunca ha dolido nada en la vida (al punto de hacerte caer al suelo); no, ninguna palabra te va a dar consuelo; no, el tiempo no cura todo y no, Dios no necesitaba un ángel más en el cielo; no hay belleza ni gloria en el dolor. Es mejor empezar desde aquí para que la convivencia con el vacío sea tan solo un poco más llevadera.
Hoy quiero honrar mis pérdidas, siendo honesta con mis emociones, aceptando mi vulnerabilidad, reconociendo que la vida es difícil y que hay cosas que no puedo arreglar, solo puedo aprender a vivir con ellas…
