De mujer a mujer: si no tienes algo bueno que decir, mejor no digas nada…

Una Colaboración de Sofía Mora

Vivimos en una sociedad en que la comparación se ha vuelto una forma de evaluarnos; observamos y criticamos a las personas con gran propiedad. Como mujeres, se nos inculca a través de diversos medios a compararnos entre nosotras, aunque a veces ni si quiera nos demos cuenta. Sin embargo, no somos conscientes que las palabras hieren y hay comentarios que es mejor no hacerlos.

Cuando leemos una revista normalmente existe una página con el título «¿Quién lo usó mejor?», esta dinámica consiste en comparar a dos o más mujeres usando el mismo vestido y votar a cuál de ellas se le ve mejor. Igualmente, cuando hay un evento o premiación importante, surge un «Mejores y peores vestidas de la noche» en el que se publica quienes se vieron bien y quienes se vieron mal, (de acuerdo al criterio del dueño del reportaje). Existen diversos ejemplos más de cómo los medios contribuyen a la forma en que nos comparamos entre mujeres de manera que vemos en otras todo aquello que pensamos que no tenemos o todo aquello que ellas puedan tener mal. Vemos a modelos, influencers, actrices o incluso a amigas y nos preguntamos: “¿porqué mi cuerpo no es así?», «¿porqué no me veo como ella?» o incluso «¿porqué mi vida no es así?». Muchas veces nos comparamos incluso con nosotras mismas al ver fotos viejas y pensar «estoy más delgada ahora que antes» o «era más bonita ahora que antes»; cuando no nos damos cuenta que probablemente todo era efecto de estar pasando por la pubertad u otra circunstancia y es normal que existan cambios en nuestra apariencia.

Por otra parte, muchas mujeres y adolescentes no sólo contribuyen a la comparación personal, sino a consideraciones colectivas, de forma que cuando vamos a una fiesta, graduación, o cualquier otro evento, solemos comparar y discutir quién tenía el mejor vestido o el mejor maquillaje; incluso hacemos un «ranking» que evalúa a las más bonitas y atractivas. De hecho, cada vez que alguna amiga termina una relación el típico consuelo es «no te preocupes tú eres mas bonita», «ella es sólo el reemplazo», «dicen que ella es: …», en lugar de abordar temas más profundos.

Todo esto no significa que no debamos tener opiniones, no hay nada de malo en ellas; sin embargo al momento que mucha gente tiene similares puntos de vista, éstos se convierten en hechos. Luego, éstos llegan a los oídos de las personas sobre las que se está opinando y ellas lo toman como una realidad que se anida en su mente y en su corazón; y nosotras no nos damos cuenta del daño que podemos estar provocando.

A veces hablamos de alguien solo para tratar de formar parte de una conversación, o de agradar, y nos dedicamos a criticar o juzgar a las demás por su físico. Muchas veces decimos «ella ha engordado/adelgazado», «se le ve mejor/peor su pelo de esta manera» «se ve mejor en fotos que en persona», «se ve mucho más bonita con/sin maquillaje»; pocas veces opinamos sobre sus características que no son físicas y que la hacen ser quién es.

Si vamos a hablar sobre los demás, debemos tratar de hacerlo basándonos en hechos y no presunciones, centrándonos en sus valores, sus acciones, sus cualidades, sus características internas, todo aquello que le hace un ser humano merecedor de respeto y empatía. No hablemos mal de otras personas, no denigremos a los demás, no nos comparemos con otras o nos destruyamos a nosotras mismas. Es importante que no busquemos hacernos sentir mejor o hacer sentir mejor a una mujer hundiendo a otra. Debido a la comparación negativa, hoy en día nos criticamos más de lo que nos apoyamos entre nosotras. Dejamos que otras hablen de nosotras sin problema alguno porque también es nuestra práctica, no tenemos solvencia moral para exigir lo contrario. Debido a esta forma de vernos nunca avanzamos, ni permitimos que los demás lo hagan; el problema es que si seguimos arrastrándonos hacia abajo unas a las otras, ninguna va a llegar arriba; si no tenemos algo bueno que decir de alguien, mejor es no decir nada…

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